
El anochecer se acercaba, acurrucada en mi cama leía una de esas novelas policíacas cuyo misterio te invade. Las hojas volaban entre mis dedos hasta que llegué a su fin. Me levanté de la cama, no lograba conciliar el sueño. Me acerqué a la ventana para tomar aire fresco.
La oscuridad de la noche abrigaba las calles desiertas de la ciudad. Me quedé observando una luz que se veía en una de las ventanas de la casa de enfrente. Como cada noche, veía cómo mi vecino se quedaba horas y más horas delante de aquel cuadro. Me fui a la cocina a tomar un vaso de leche, como de costumbre cuando no conseguía dormir. En aquel instante de pronto oí un disparo.
Fui corriendo hacia la ventana y vi a mi vecino, tendido en el suelo. Estaba muerto.
Entré corriendo en su casa, estaba tumbado en el suelo con los ojos abiertos y la mano medio cerrada. Junto a él encontré también una brújula que señalaba el cuadro. Lo miré aterrorizada, pero lo curioso es que esos objetos me sonaban. Me di cuenta de que no lo habían disparado, a pesar del ruido que oí, sino apuñalado. Una especie de espada corta lo había atravesado.
Pasaron varios días y por las noches no conseguía conciliar el sueño.
Pasaron varios días y por las noches no conseguía conciliar el sueño.
Todo era distinto, ya no veía cada noche a ese hombre que miraba un cuadro…Volví a mirar hacia su casa, como cada noche, cuando de golpe la luz de la ventana de delante se abrió. Asombrada, no pude contener la curiosidad y decidí entrar por segunda vez en unas horas.
Nada había cambiado. Me quedé observando el resto de gotas de sangre, aún secas en el suelo. La misma imagen aparecía insistentemente en mi cabeza. Me giré y volví a observar el cuadro. En ese momento algo me sobresaltó. La brújula que encontré a su lado el día de su muerte ahora se encontraba dibujada en el cuadro. Señalaba una espada japonesa de hace muchos siglos donde se indicaba que con ella se mató a un gran emperador.
Cuando me fijé bien, en una punta de la espada hallé pequeñas gotas de sangre que goteaban en un libro. La espada se dibujaba entre una jarra y un casco antiguo.
La cuestión es que seguía habiendo algo en el cuadro que me resultaba familiar…De repente algo se iluminó en mi mente: yo tenía esa jarra en mi casa, escondida en algún rincón del trastero.
Corrí hacia mi casa, rebuscando por fin la encontré, estaba junto a la caracola que encontré en uno de mis viajes.
¡Cuánto se parecía a la del cuadro! era todo muy extraño…
Nada había cambiado. Me quedé observando el resto de gotas de sangre, aún secas en el suelo. La misma imagen aparecía insistentemente en mi cabeza. Me giré y volví a observar el cuadro. En ese momento algo me sobresaltó. La brújula que encontré a su lado el día de su muerte ahora se encontraba dibujada en el cuadro. Señalaba una espada japonesa de hace muchos siglos donde se indicaba que con ella se mató a un gran emperador.
Cuando me fijé bien, en una punta de la espada hallé pequeñas gotas de sangre que goteaban en un libro. La espada se dibujaba entre una jarra y un casco antiguo.
La cuestión es que seguía habiendo algo en el cuadro que me resultaba familiar…De repente algo se iluminó en mi mente: yo tenía esa jarra en mi casa, escondida en algún rincón del trastero.
Corrí hacia mi casa, rebuscando por fin la encontré, estaba junto a la caracola que encontré en uno de mis viajes.
¡Cuánto se parecía a la del cuadro! era todo muy extraño…
Volví a casa de mi vecino. Me puse a escuchar la caracola. Escuchar, el gran arte de escuchar, observé nuevamente el cuadro. Todavía no podía creer qué hacía mi antigua jarra pintada en ese cuadro. La rompí y en ella encontré una carta. La abrí, cada vez estaba más nerviosa. En ella pude leer: escucha el ruido del mar, cómo pasa susurrando junto las páginas del libro.
Paralizada me di cuenta de que entre las páginas del libro se encontraba la carta. Era la resolución de mi propio libro. Aquél de misterio policiaco en cuyas páginas, cada noche, las horas volaban.
Alba Zaragoza 1r BTXC
1 comentario:
...Lo mejor, cuando la protagonista vuelve a ver la luz encendida de la casa...¡¡¡ qué miedo!!!
Buen trabajo, Alba.
Glòria
Publicar un comentario